22 abril 2010
20 marzo 2010
PUBLICADO EN LA REVISTA "ALDEA GLOBAL"
Afuera el danzar ahuecado de pasos interrumpe el silencio.
Alguien camina y avanza. Camina y avanza, apurado, como descorriéndose de la propia vida. El sonido del avanzar se ha equilibrado. Yo espero, espero con paciencia que alguien asome a la puerta. Pero nunca asoma.
Por el agujero de la puerta se ve muy lejos un cielo enrojecido. Palpita un lucero anunciando la tarde __ ¿tarde? ¿Qué tiempo es este?__ No hay nadie a quien preguntar por la hora.
Uno se encuentra soledosamente desorientado.
Duermo. Duermo largamente. No se desde que tiempo.
A lo mejor estoy despierto y a punto de dormir cuando surgen esas cosas, para mantenerme despierto como en la eternidad.
Este debe ser un amanecer…
Pero los pasos avanzan y avanzan y nunca llegan. Hasta parece que se han quedado en una sola distancia, sin acercarse ni alejarse.
El caer de unas gotas grandes, dispares, de una lluvia que se ha presentado lenta como si nunca fuera a terminar, aleja el sonido de los pasos. Y se vuelve a ver por la rendija de la puerta que, allá el cielo sigue ardiendo en ese rojo eucarístico. Y no es posible que esas gotas gruesas estén cayendo afuera, multiplicándose, golpeando fuerte el techo, como si fueran de plomo.
Y de más lejos, todavía de mucho más lejos, de un fondo tragado por el olvido, el ladrar de unos perros aumenta y se calla, aumenta y se prolonga hasta parecer muy cerca, untado a estas paredes.
Debo de estar despierto.
Voy a desentenderme de esas cosas.
…
El grito de alguien ha vuelto a despertarme __ ¿despertarme?__ Pero quien sabe si estoy durmiendo. A lo mejor ese grito no es un grito __y yo no estoy durmiendo__ sino solo un pensar que entra por las paredes de mis oídos hasta impregnarse en el interior de mi cráneo.
Pero yo siento y veo y vuelvo a sentir y a ver, solo el cielo enrojecido.
De pronto, otra vez el grito, estirándose, ahora repetido como si se hubieran juntado varias bocas para lanzarlo.
No hay duda, alguien llama pronunciando un nombre que avanza lento en el aire, como si el aire estuviera lleno de algún espesor. Muevo la cabeza tratando de distraerme. Nada. Todo se prolonga, interminable. Y esa voz, por su acento, parece que viniera desde ya hace mucho tiempo y que llegara cansada por la distancia.
Debo de estar ya mucho tiempo aquí. Esa voz debe tener más tiempo que yo.
Ha vuelto a llamar. Pero quien puede ser. A lo mejor alguien que me conoce está llamándome, incansable. Pero no me acuerdo de conocer a alguien. A nadie. Tal vez habré sido yo que, de tanto estar solo proferí ese nombre que se quedó pegado en algún sitio y ahora empieza a despegarse, rebotándome.
Si, así es, ya me acuerdo que me había olvidado.
Y otra vez por la puerta, el mismo cielo rojo con su lucero amarillo, palpitando.
Quiero hacer memoria. Nada. Solo ese blancor y más allá, solo el aire otra vez vacío.
Ha surgido del fondo de abajo como una conversación larga, allanada. No logra atravesar la puerta. Solo un sonido gutural que viene a morir muy cerca de aquí.
Se ha acompasado el sonido del avanzar a un ritmo que ya no se escucha que avanza, sino que se aleja. Si, es evidente el sonido de los pasos ya no avanza, sino se aleja de tal manera que se pierde en una lejanía que se va pegando allá, en el fondo de las agujas de un reloj.
Y se me viene a cuenta el tiempo. Un vacío frío del mucho retroceder al parejo de ese reloj interminable que hace su trac-trac-trac… como si fueran cientos de relojes. Llenando todo el tiempo.
Esos pájaros que creen que me atormentan. Pero no, me siento alegre el oírlos. Lo que si me atormenta es el trac-trac-trac… de esos muchos relojes.
Ahora, otra vez que estaba olvidándome, ha regresado ese ruido del ladrar de perros. Es un ladrar lúgubre. Por su hondor lo intuyo que viene de muy lejos.
Pero voy a desentenderme.
Y el agua baja, baja y va. Después sube y sube y va de mi mismo. No, de ningún modo puede ser de mi mismo. Y el agua baja, baja y va y sube. Yo pienso que debo de estar mojado, pero no. Debe ser mi sangre que rebulle. No, mi sangre debe de estar seca ya por el mucho tiempo. No, no puede ser mi sangre. No es posible que mi sangre haga esas maniobras. Entonces que puede ser.
…
Ahora si, todo se sucede para dejarme sereno, acostumbrado.
El ladrar de los perros más allá de las interminables lejanías, cesa. Caen con menos peso las gotas. Un batir de alas se aleja en el aire quitándome el gusto. El sonido de los pasos se prolonga en el trac-trac-trac de las agujas del reloj. La conversación se ha callado. El silencio interrumpe toda esta vastedad que sale de mí.
El lucero ha desaparecido. El cielo sigue rojo, calcinándose.
¿Es la última luz de la tarde?
¿La primera luz del amanecer?
Pero los pasos si avanzan, avanzan.
Alguien abre la puerta.
Lima, 18 de enero de 2009.
Alguien camina y avanza. Camina y avanza, apurado, como descorriéndose de la propia vida. El sonido del avanzar se ha equilibrado. Yo espero, espero con paciencia que alguien asome a la puerta. Pero nunca asoma.
Por el agujero de la puerta se ve muy lejos un cielo enrojecido. Palpita un lucero anunciando la tarde __ ¿tarde? ¿Qué tiempo es este?__ No hay nadie a quien preguntar por la hora.
Uno se encuentra soledosamente desorientado.
Duermo. Duermo largamente. No se desde que tiempo.
A lo mejor estoy despierto y a punto de dormir cuando surgen esas cosas, para mantenerme despierto como en la eternidad.
Este debe ser un amanecer…
Pero los pasos avanzan y avanzan y nunca llegan. Hasta parece que se han quedado en una sola distancia, sin acercarse ni alejarse.
El caer de unas gotas grandes, dispares, de una lluvia que se ha presentado lenta como si nunca fuera a terminar, aleja el sonido de los pasos. Y se vuelve a ver por la rendija de la puerta que, allá el cielo sigue ardiendo en ese rojo eucarístico. Y no es posible que esas gotas gruesas estén cayendo afuera, multiplicándose, golpeando fuerte el techo, como si fueran de plomo.
Y de más lejos, todavía de mucho más lejos, de un fondo tragado por el olvido, el ladrar de unos perros aumenta y se calla, aumenta y se prolonga hasta parecer muy cerca, untado a estas paredes.
Debo de estar despierto.
Voy a desentenderme de esas cosas.
…
El grito de alguien ha vuelto a despertarme __ ¿despertarme?__ Pero quien sabe si estoy durmiendo. A lo mejor ese grito no es un grito __y yo no estoy durmiendo__ sino solo un pensar que entra por las paredes de mis oídos hasta impregnarse en el interior de mi cráneo.
Pero yo siento y veo y vuelvo a sentir y a ver, solo el cielo enrojecido.
De pronto, otra vez el grito, estirándose, ahora repetido como si se hubieran juntado varias bocas para lanzarlo.
No hay duda, alguien llama pronunciando un nombre que avanza lento en el aire, como si el aire estuviera lleno de algún espesor. Muevo la cabeza tratando de distraerme. Nada. Todo se prolonga, interminable. Y esa voz, por su acento, parece que viniera desde ya hace mucho tiempo y que llegara cansada por la distancia.
Debo de estar ya mucho tiempo aquí. Esa voz debe tener más tiempo que yo.
Ha vuelto a llamar. Pero quien puede ser. A lo mejor alguien que me conoce está llamándome, incansable. Pero no me acuerdo de conocer a alguien. A nadie. Tal vez habré sido yo que, de tanto estar solo proferí ese nombre que se quedó pegado en algún sitio y ahora empieza a despegarse, rebotándome.
Si, así es, ya me acuerdo que me había olvidado.
Y otra vez por la puerta, el mismo cielo rojo con su lucero amarillo, palpitando.
Quiero hacer memoria. Nada. Solo ese blancor y más allá, solo el aire otra vez vacío.
Ha surgido del fondo de abajo como una conversación larga, allanada. No logra atravesar la puerta. Solo un sonido gutural que viene a morir muy cerca de aquí.
Se ha acompasado el sonido del avanzar a un ritmo que ya no se escucha que avanza, sino que se aleja. Si, es evidente el sonido de los pasos ya no avanza, sino se aleja de tal manera que se pierde en una lejanía que se va pegando allá, en el fondo de las agujas de un reloj.
Y se me viene a cuenta el tiempo. Un vacío frío del mucho retroceder al parejo de ese reloj interminable que hace su trac-trac-trac… como si fueran cientos de relojes. Llenando todo el tiempo.
Esos pájaros que creen que me atormentan. Pero no, me siento alegre el oírlos. Lo que si me atormenta es el trac-trac-trac… de esos muchos relojes.
Ahora, otra vez que estaba olvidándome, ha regresado ese ruido del ladrar de perros. Es un ladrar lúgubre. Por su hondor lo intuyo que viene de muy lejos.
Pero voy a desentenderme.
Y el agua baja, baja y va. Después sube y sube y va de mi mismo. No, de ningún modo puede ser de mi mismo. Y el agua baja, baja y va y sube. Yo pienso que debo de estar mojado, pero no. Debe ser mi sangre que rebulle. No, mi sangre debe de estar seca ya por el mucho tiempo. No, no puede ser mi sangre. No es posible que mi sangre haga esas maniobras. Entonces que puede ser.
…
Ahora si, todo se sucede para dejarme sereno, acostumbrado.
El ladrar de los perros más allá de las interminables lejanías, cesa. Caen con menos peso las gotas. Un batir de alas se aleja en el aire quitándome el gusto. El sonido de los pasos se prolonga en el trac-trac-trac de las agujas del reloj. La conversación se ha callado. El silencio interrumpe toda esta vastedad que sale de mí.
El lucero ha desaparecido. El cielo sigue rojo, calcinándose.
¿Es la última luz de la tarde?
¿La primera luz del amanecer?
Pero los pasos si avanzan, avanzan.
Alguien abre la puerta.
Lima, 18 de enero de 2009.
31 enero 2010
Vas a ver que te atisbo...
Vas a ver que te atisbo la vida.
Màs acà te lo dirè. Ven, apura. Me temo.
Pero tù, claro, ahora que lo quisieras decir,
te vienen pronto esos largos azules.
Si. Y tomàbamos tambièn cada uno de los senderos.
Ahora que lo dices. Es cierto.
Porque la llamaste de ese modo...
Creo. Estoy seguro. Es màs, ya ahora lo sè:
te nucleas ser el lado amarillo del descuerpo,
entre tus dos piedras: tù, unièndolas.
Cuanto al volver se te vaya algo
y no logre siquiera tocarlo.
Por eso recientemente me acuerdo.
Siempre. No. Solo a veces pienso.
Te quedas un momento. Si.
No hay manera sencilla
de decirte esto otro. Te dije. Calma.
Tenemos que...
Haber. Como decirte. Si.
Necesito, hombre...
Aunque creo que asì sea lo que pudo causarnos.
Tienes mucho aquì, ¿verdad? Si.
Pronto, hombre. Ya van a dar las once.Ven. Apura.
De "Dìas de Ausencia" Pag. 24
comentarios: carbajal899@hotmail.com
Màs acà te lo dirè. Ven, apura. Me temo.
Pero tù, claro, ahora que lo quisieras decir,
te vienen pronto esos largos azules.
Si. Y tomàbamos tambièn cada uno de los senderos.
Ahora que lo dices. Es cierto.
Porque la llamaste de ese modo...
Creo. Estoy seguro. Es màs, ya ahora lo sè:
te nucleas ser el lado amarillo del descuerpo,
entre tus dos piedras: tù, unièndolas.
Cuanto al volver se te vaya algo
y no logre siquiera tocarlo.
Por eso recientemente me acuerdo.
Siempre. No. Solo a veces pienso.
Te quedas un momento. Si.
No hay manera sencilla
de decirte esto otro. Te dije. Calma.
Tenemos que...
Haber. Como decirte. Si.
Necesito, hombre...
Aunque creo que asì sea lo que pudo causarnos.
Tienes mucho aquì, ¿verdad? Si.
Pronto, hombre. Ya van a dar las once.Ven. Apura.
De "Dìas de Ausencia" Pag. 24
comentarios: carbajal899@hotmail.com
16 enero 2010
¿Y què es el cuento?
Desde tiempos remotos el hombre tuvo necesidad de contar sus sueños, esperanzas y desvelos, y asi naciò, aunque en forma oral primero, ese gènero literario de tanta estirpe que es el CUENTO.
Es pues, el cuento tan viejo como vieja es la presencia del hombre sobre la tierra. ¿Pero desde cuando ese arte de narrar recibiò el bautismo de cuento?
un crìtico eminente, Enrique Anderson Imbert, asegura que "la palabra cuento es relativamente tardìa en relaciòn a su nacimiento". Y agrega: "En la edad media se hablaba de contar, pero no de cuentos". Màs bien los tèrminos empleados, para señalar una narraciòn eran: ejemplo, fàbula, apòlogo, proverbio, hazaña, etc.
En la versiòn de Cristobal Garces Larrea "Narradores Centroamericanos Contemporàneos".
Es pues, el cuento tan viejo como vieja es la presencia del hombre sobre la tierra. ¿Pero desde cuando ese arte de narrar recibiò el bautismo de cuento?
un crìtico eminente, Enrique Anderson Imbert, asegura que "la palabra cuento es relativamente tardìa en relaciòn a su nacimiento". Y agrega: "En la edad media se hablaba de contar, pero no de cuentos". Màs bien los tèrminos empleados, para señalar una narraciòn eran: ejemplo, fàbula, apòlogo, proverbio, hazaña, etc.
En la versiòn de Cristobal Garces Larrea "Narradores Centroamericanos Contemporàneos".
27 diciembre 2009
"Hebràstico Albòreo"
Hebràstico albòreo.
Mirada de enfrente...palpadora.
¿què te mira el perfil?
¿què te mira el occidente de
siete mil sesenta y cinco dìas?
Al costado flòrea dueta,
a dos viene espejada.
Al otro costado,
lo que està palpàreo, pasa a quedar
eònica eterna pureza.
Lo que se va percibiendo.
Clìpteo restante.
De lo que se vuelve. Diàstrido
entero. Obyecto.
Palpantes de amarillos a resplandores,
de resplandores a blancos.
Dilatàndose. Delatàndose.
Estase vertido sòlo por detràs
la ausencia ausenciada
que vase vertiendo por enfrente.
Pàg. 31 "Dìas de Ausencia"
Mirada de enfrente...palpadora.
¿què te mira el perfil?
¿què te mira el occidente de
siete mil sesenta y cinco dìas?
Al costado flòrea dueta,
a dos viene espejada.
Al otro costado,
lo que està palpàreo, pasa a quedar
eònica eterna pureza.
Lo que se va percibiendo.
Clìpteo restante.
De lo que se vuelve. Diàstrido
entero. Obyecto.
Palpantes de amarillos a resplandores,
de resplandores a blancos.
Dilatàndose. Delatàndose.
Estase vertido sòlo por detràs
la ausencia ausenciada
que vase vertiendo por enfrente.
Pàg. 31 "Dìas de Ausencia"
12 diciembre 2009
"Del hombre que te bailaba yaravìes"
de Miguelàngel Zambrano (San Yon - un pueblo extinto).
Dijiste que en el sueño
y apena tu sangre en las sangres,
un brazo entre los brazos de la fosa.
Tu blancura cristiana
iluminando los hùmeros judìos.
Dijiste en el sueño
y no habìa el viejo mar
ni su estirada madera trepando
las canillas de los barcos;
ni los andenes, sus cultivos de algodòn,
ni sus florecidos pañuelos.
Dijiste sueña,
y sòlo el agua ensangrentada
por el crepùsculo.
Tus cabellos aumentados
por las algas.
Èl tiende su mano y no hay manija
ni puerta ni casa,
ni siquiera un seno
y vuelven sus dedos y buscan
y no hay seno ni mujer,
ni siquiera un caballo, una crin
descansando del viento, ni viento
ni oscuridad y tampoco luz.
Levanta un dedo para reconocer su mano
y la mano al final de su brazo
es una leve cortina de sombra
y el brazo donde termina el hombro
una suave luz de nada
y màs de èl mismo:
su cara, sus ojos,
nada.
Da un paso en el vacìo
pero el piso no està bajo sus pies
y sus pies, tampoco.
*OBRAS:
-NARCOSIS
-AY QUÈ VIDA TAN OSCURA
-LA CIUDAD DE QUERERTE TANTO
-MAÑANA VOY A BARCELONA A SUICIDARME
-A MI PRIMER BURDEL LE PONDRÈ TU NOMBRE
-KAMIKAZE BLUES
-LA FRANCISCA QUE SE HUNDE
ENTRE OTROS. Todos impublicados nos dice. Escribe y escribe, no como una profesiòn sino como una vocaciòn de infelicidad.
Dijiste que en el sueño
y apena tu sangre en las sangres,
un brazo entre los brazos de la fosa.
Tu blancura cristiana
iluminando los hùmeros judìos.
Dijiste en el sueño
y no habìa el viejo mar
ni su estirada madera trepando
las canillas de los barcos;
ni los andenes, sus cultivos de algodòn,
ni sus florecidos pañuelos.
Dijiste sueña,
y sòlo el agua ensangrentada
por el crepùsculo.
Tus cabellos aumentados
por las algas.
Èl tiende su mano y no hay manija
ni puerta ni casa,
ni siquiera un seno
y vuelven sus dedos y buscan
y no hay seno ni mujer,
ni siquiera un caballo, una crin
descansando del viento, ni viento
ni oscuridad y tampoco luz.
Levanta un dedo para reconocer su mano
y la mano al final de su brazo
es una leve cortina de sombra
y el brazo donde termina el hombro
una suave luz de nada
y màs de èl mismo:
su cara, sus ojos,
nada.
Da un paso en el vacìo
pero el piso no està bajo sus pies
y sus pies, tampoco.
*OBRAS:
-NARCOSIS
-AY QUÈ VIDA TAN OSCURA
-LA CIUDAD DE QUERERTE TANTO
-MAÑANA VOY A BARCELONA A SUICIDARME
-A MI PRIMER BURDEL LE PONDRÈ TU NOMBRE
-KAMIKAZE BLUES
-LA FRANCISCA QUE SE HUNDE
ENTRE OTROS. Todos impublicados nos dice. Escribe y escribe, no como una profesiòn sino como una vocaciòn de infelicidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)