Ahí tienes que había una vez un muchacho más loco, que toda la vida se la había pasado sueñe y sueñe. Y sus sueños eran, como todos los sueños, puras cosas imaginarias. Primero soñó en que se encontraba de pronto con la bolsa llena de dinero y que compraba todos los dulces de todos los sabores que había en todas las tiendas del mundo. Así era de rico. Después soñó en tener una bicicleta y unos patines y una buena bola de canicas. Más tarde, soñó en ser chofer o maquinista de un tren para recorrer lugares. Y se pasaba las tardes tirado de barriga en el suelo, soñando en las cosas interesantes que habría más allá de los cerros que tenía enfrente. En el pueblo de él había unos cerros muy altos. Y a veces soñaba ser un zopilote y volar, muy suavemente como vuelan los zopilotes hasta dejar atrás aquel pueblo donde no sucedía nunca nada interesante.
Una vez vinieron los Reyes Magos y le trajeron un libro lleno de monitos donde se contaban historias de piratas que recorrían las tierras y los mares más raros que tú o yo hayamos visto. Desde entonces no tuvo otro quehacer que estarse leyendo aquella clase de libros donde él encontraba un relato parecido al de los sueños.
Se volvió muy flojo. Porque a todos los que les gusta leer mucho, de tanto estar sentados, les da flojera hacer cualquier otra cosa. Y tú sabes que el estarse sentado y quieto le llena a uno la cabeza de pensamientos. Y esos pensamientos viven y toman formas extrañas y se enredan de tal modo que, al cabo del tiempo, a la gente que eso le ocurre se vuelve loca.
Aquí tienen un ejemplo: Yo.
26 de Mayo de 1947
03 agosto 2010
16 julio 2010
Carta de amor de Juan Rulfo a Clara Aparicio
Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor...
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que saba y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde... y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río...
Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que saba y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde... y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río...
Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.
12 julio 2010
"PEDRO PÁRAMO"
El día que conocí a Rulfo
Por Héctor Tizón
conocí en México a Juan Rulfo casi al mismo tiempo que a Martínez Estrada, ambos tan distintos entre sí se convirtieron, a poco del trato inicial, en amigos muy queridos; entre ambos sólo se parecían en lo esencial, por lo demás, nada más distinto. El uno caudaloso y breve hasta el hueso del otro. Ambos con un alto sentido del papel de la literatura como instrumento esencial de conocimiento y comunicación entre los hombres, y con una versasión literaria que en el caso de Rulfo tendía a disimular, quizá por innata timidez. Su pasión fue la literatura, pero también la fotografía y sus viajes por su tierra como vendedor de neumáticos, creo. Recuerdo con emoción y aún con gratitud las largas charlas __él hablaba poco y yo también, el resto lo prodigaba con binomía y hospitalidad Miguel León Portilla, dueño de casa en el Instituto Indigenista de México__, cuando Rulfo trabajaba allí y yo concurría de vago nomás. Por aquel tiempo, Rulfo, con la publicación de sus cuentos de El llano en llamas era seguramente el escritor más respetado de México y ya había empezado a escribir Pedro Páramo cuando el presidente de la república, licenciado López Mateo, le otorgó una beca de mil pesos mexicanos con lo cual quedó despreocupado del bastimento diario y se quedó a escribir en su casa de Polanco o en Tepoztlán, adonde lo visitaba asiduamente Pedro Coronel, gran pintor y bebedor cuyo nombre fue usado por Rulfo para su principal personaje de la inmortal novela. Ya, también ahora, Pedro Coronel se ha convertido en prominente alma habitante de Comala, como el propio Juan, a quien habia dejado de ver durante años hasta que me enteré de su muerte súbita leyendo la noticia en el periódico mientras viajaba en un tren italiano. Nunca más lo vería. Ni podré olvidarlo.
Por Héctor Tizón
conocí en México a Juan Rulfo casi al mismo tiempo que a Martínez Estrada, ambos tan distintos entre sí se convirtieron, a poco del trato inicial, en amigos muy queridos; entre ambos sólo se parecían en lo esencial, por lo demás, nada más distinto. El uno caudaloso y breve hasta el hueso del otro. Ambos con un alto sentido del papel de la literatura como instrumento esencial de conocimiento y comunicación entre los hombres, y con una versasión literaria que en el caso de Rulfo tendía a disimular, quizá por innata timidez. Su pasión fue la literatura, pero también la fotografía y sus viajes por su tierra como vendedor de neumáticos, creo. Recuerdo con emoción y aún con gratitud las largas charlas __él hablaba poco y yo también, el resto lo prodigaba con binomía y hospitalidad Miguel León Portilla, dueño de casa en el Instituto Indigenista de México__, cuando Rulfo trabajaba allí y yo concurría de vago nomás. Por aquel tiempo, Rulfo, con la publicación de sus cuentos de El llano en llamas era seguramente el escritor más respetado de México y ya había empezado a escribir Pedro Páramo cuando el presidente de la república, licenciado López Mateo, le otorgó una beca de mil pesos mexicanos con lo cual quedó despreocupado del bastimento diario y se quedó a escribir en su casa de Polanco o en Tepoztlán, adonde lo visitaba asiduamente Pedro Coronel, gran pintor y bebedor cuyo nombre fue usado por Rulfo para su principal personaje de la inmortal novela. Ya, también ahora, Pedro Coronel se ha convertido en prominente alma habitante de Comala, como el propio Juan, a quien habia dejado de ver durante años hasta que me enteré de su muerte súbita leyendo la noticia en el periódico mientras viajaba en un tren italiano. Nunca más lo vería. Ni podré olvidarlo.
15 junio 2010
De Juan Rulfo.
Juan Rulfo, el gran escritor mexicano, autor de "el llano en llamas", "Pedro Páramo", "El gallo de Oro" y ademàs varios textos.
contesta curiosamente a varias preguntas interesantes.
"-Maestro, ¿qué similitud existe entre su obra y la de los escritores actuales?
"Definitivamente ninguna!"
"-Maestro, ¿dónde aprendió usted a escribir?
"-Eso no se aprende" -luego venía siempre un sobrecogedor silencio en la sala que él no tenía la menor intención de quebrar, y otra pregunta.
"-¿Qué, pues, se necesita maestro para ser escritor?
"-Sólo una cosa: cultivar la inteligencia, y eso yo no lo he hecho jamás. Soy muy tonto".
"-¿Cuál ha sido el aporte de Rulfo a la literatura?
"-Ninguno... Eso no lo tengo que decir yo..."
En la Sala Netzahualcóyotl alguien le preguntó por qué no escribía más, respondiendo él con otra pregunta: "-¿Y qué quiere usted que escriba?"
Fuente:Waldemar Verdugo Fuentes.
contesta curiosamente a varias preguntas interesantes.
"-Maestro, ¿qué similitud existe entre su obra y la de los escritores actuales?
"Definitivamente ninguna!"
"-Maestro, ¿dónde aprendió usted a escribir?
"-Eso no se aprende" -luego venía siempre un sobrecogedor silencio en la sala que él no tenía la menor intención de quebrar, y otra pregunta.
"-¿Qué, pues, se necesita maestro para ser escritor?
"-Sólo una cosa: cultivar la inteligencia, y eso yo no lo he hecho jamás. Soy muy tonto".
"-¿Cuál ha sido el aporte de Rulfo a la literatura?
"-Ninguno... Eso no lo tengo que decir yo..."
En la Sala Netzahualcóyotl alguien le preguntó por qué no escribía más, respondiendo él con otra pregunta: "-¿Y qué quiere usted que escriba?"
Fuente:Waldemar Verdugo Fuentes.
01 junio 2010
¿y Vallejo?
Roberto Paoli, divide èl a los poetas en sòlo dos grupos, diciendo que "en uno estàn todos los poetas y en el otro sòlo Cèsar Vallejo.
Palmas y Guitarra
Ahora, entre nosotros, aquì,
ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo
y cenemos juntos y pasemos un instante la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.
Ahora, ven conmigo, hazme el favor
de quejarte en mi nombre y a la luz de la noche teneblosa
en que traes a tu alma de la mano
y huimos en puntillas de nosotros.
Ven a mì, sì, y a ti, sì,
con paso par, a vernos a los dos con paso impar,
marcar el paso de la despedida.
¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta la vuelta!
¡Hasta cuando leamos, ignorantes!
¡Hasta cuando volvamos, despidàmonos!
¿Què me importan los fusiles,
escùchame, ¿què impòrtanme,
si la bala circula ya en el rango de mi firma?
¿Què te importan a ti las balas,
si el fusil està humeando ya en tu olor?
Hoy mismo pesaremos
en los brazos de un ciego nuestra estrella
y, una vez que me cantes, lloraremos.
Hoy mismo, hermosa, con tu paso par
y tu confianza a que llegò mi alarma,
saldremos de nosotros, dos a dos.
¡Hasta cuando seamos ciegos!
¡Hasta
que lloremos de tànto volver!
Ahora,
entre nosotros, trae
por la mano a tu dulce personaje
y cenemos juntos y pasemos un instante la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.
Ahora, ven conmigo, hazme el favor
de cantar algo
y de tocar en tu alma, haciendo palmas.
¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta entonces!
¡Hasta cuando partamos, despidàmonos!
"POEMAS HUMANOS"
Palmas y Guitarra
Ahora, entre nosotros, aquì,
ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo
y cenemos juntos y pasemos un instante la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.
Ahora, ven conmigo, hazme el favor
de quejarte en mi nombre y a la luz de la noche teneblosa
en que traes a tu alma de la mano
y huimos en puntillas de nosotros.
Ven a mì, sì, y a ti, sì,
con paso par, a vernos a los dos con paso impar,
marcar el paso de la despedida.
¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta la vuelta!
¡Hasta cuando leamos, ignorantes!
¡Hasta cuando volvamos, despidàmonos!
¿Què me importan los fusiles,
escùchame, ¿què impòrtanme,
si la bala circula ya en el rango de mi firma?
¿Què te importan a ti las balas,
si el fusil està humeando ya en tu olor?
Hoy mismo pesaremos
en los brazos de un ciego nuestra estrella
y, una vez que me cantes, lloraremos.
Hoy mismo, hermosa, con tu paso par
y tu confianza a que llegò mi alarma,
saldremos de nosotros, dos a dos.
¡Hasta cuando seamos ciegos!
¡Hasta
que lloremos de tànto volver!
Ahora,
entre nosotros, trae
por la mano a tu dulce personaje
y cenemos juntos y pasemos un instante la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.
Ahora, ven conmigo, hazme el favor
de cantar algo
y de tocar en tu alma, haciendo palmas.
¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta entonces!
¡Hasta cuando partamos, despidàmonos!
"POEMAS HUMANOS"
13 mayo 2010
NO VAYAMOS A ENCONTRAR...
No vayamos a encontrar lo que te dije. Por eso trata de no alejarte mucho de mì. No vaya a ser que aparezca asì como apareciò ayer y no tengas con què ocultarte. Camina despacio, no te apures. Mira que yo casi llevo el peso de los dos. Ten la paciencia. ¿No ves mis ojos que sufren? Ya ves, asì nomàs, despacio. Vale màs. Espera. Mira allà, ¿ves? Si. Ahora ve y le sacas a ese hombrecito todo su dulzor y vienes a dàrmelo para que pueda reirme. No te demores. Que no nos separemos mucho de los dos. Recuerda que podrìa resultarnos peligroso.
Etiquetas:
del libro de poesía "DÍAS DE AUSENCIA",
Pag. 58
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